Cómo vivir con poco dinero: guía práctica para Colombia

Actualizado el 26 de Febrero 2026
Cómo vivir con poco dinero: guía práctica para Colombia

Vivir con poco dinero no se trata solo de “recortar gastos” hasta que duela. Se trata de tomar control: elegir qué es esencial para ti, reducir lo que no suma y construir hábitos que te permitan sostenerte sin sentir que vives en modo supervivencia. La buena noticia es que, con una mezcla de gestión financiera y un cambio de mentalidad (sí, eso también es parte del ahorro), es posible vivir con lo justo y necesario y aun así sentir tranquilidad.

En esta guía vas a encontrar ideas prácticas para cómo vivir con poco dinero en el día a día, especialmente en el contexto de Colombia, y cómo usar herramientas de comparación —como Comparabien— para pagar lo justo en productos financieros y de seguros.

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Empezar por lo básico: ¿qué significa “muy poco” en tu vida?

Antes de abrir una hoja de cálculo, conviene hacer una pausa. Cuando dices “tengo muy poco dinero”, ¿te refieres a que no alcanzas a cubrir lo esencial, o a que no hay margen para gustos, imprevistos y metas? La respuesta cambia el plan.

Vivir con menos dinero se vuelve más manejable cuando separas tu vida en tres capas: necesidades, compromisos y deseos. Las necesidades sostienen tu día (arriendo, alimentación, servicios, transporte). Los compromisos son pagos que ya adquiriste (deudas, cuotas, suscripciones). Los deseos son lo que te gusta, pero no es urgente (salidas, compras impulsivas, upgrades).

Este orden no es para juzgarte, sino para priorizar con claridad. Muchas personas intentan ahorrar atacando “los gusticos”, pero el verdadero impacto suele estar en los costos fijos y en decisiones grandes: vivienda, transporte, deudas y productos financieros.

Identifica tus gastos esenciales sin autoengaño

Hay un punto incómodo: a veces creemos que gastamos “solo en lo básico”, pero el dinero se va en microgastos repetidos que pasan desapercibidos. Si quieres vivir con poco dinero sin sentirte ahogado, necesitas visibilidad.

Durante dos semanas, anota absolutamente todo lo que salga de tu bolsillo o de tu cuenta. No tiene que ser perfecto; tiene que ser real. Luego agrupa por categorías y pregúntate: ¿esto sostiene mi vida o solo mi rutina?

Cuando lo haces, aparecen patrones típicos: domicilios por cansancio, transporte más caro por falta de planeación, pagos duplicados (dos plataformas de streaming), o compras pequeñas “para darte ánimo”. No es culpa; es información. Y con información puedes tomar decisiones.

Haz un presupuesto simple que sí puedas seguir

El error común con los presupuestos es hacerlos “bonitos” pero imposibles. Cuando estás ajustado, necesitas un plan que funcione incluso en semanas difíciles. Lo más útil suele ser un presupuesto flexible basado en prioridades.

Una forma práctica es empezar con estas tres preguntas: ¿cuánto entra?, ¿cuánto es sí o sí (esenciales + compromisos)?, ¿cuál es el mínimo que debo reservar para imprevistos? Si te queda algo después, ahí sí decides en qué disfrutarlo.

Si hoy no puedes ahorrar, tu objetivo no es sentir culpa: es crear espacio. A veces el “ahorro” inicial es tan pequeño como 10.000 o 20.000 pesos semanales, pero la meta real es formar el hábito y evitar que cualquier imprevisto se convierta en deuda. Puedes incluso contemplar opciones sencillas para manejar tu cuenta de ahorros, que te ayudarán a guardar ese dinero con facilidad y seguridad.

La palanca más potente: reducir costos fijos con decisiones inteligentes

Cuando estás en modo “vivir con poco dinero”, cada gasto fijo pesa más. Por eso, en vez de solo recortar, te conviene renegociar y optimizar.

Vivienda y servicios: busca estabilidad, no perfección

La vivienda suele ser el gasto más grande. Si el arriendo te deja sin oxígeno, evalúa alternativas realistas: compartir, moverte a una zona un poco más económica, renegociar condiciones o buscar un lugar más pequeño por un tiempo. No es “retroceder”; es ganar margen.

En servicios, el ahorro está en hábitos concretos (uso de energía, agua) y en elegir planes acordes a tu consumo. Muchas veces pagamos por “capacidad” que no usamos.

Transporte: el costo oculto de la improvisación

En ciudades como Bogotá, Medellín o Cali, el transporte puede comerse un porcentaje alto del ingreso. Lo frugal no siempre es “lo más barato”, sino lo más sostenible. A veces te conviene combinar opciones: transporte público en días normales, y reservar taxi o app para situaciones puntuales (lluvia, seguridad, horarios).

Si tienes moto o carro, el costo real no es solo gasolina: mantenimiento, impuestos, parqueadero y, sobre todo, seguro.

Seguros: pagar lo justo sin quedarte desprotegido

Cuando hay poco dinero, mucha gente cancela seguros para “recuperar caja”. El problema es que un accidente o una urgencia puede salir más caro que cualquier prima mensual. Aquí lo clave es comparar y ajustar cobertura según tu realidad.

Por ejemplo, en SOAT y seguro todo riesgo, los precios y condiciones varían entre aseguradoras. Comparar te ayuda a encontrar opciones con buena relación costo–cobertura, evitando pagar de más por lo mismo. En plataformas como Comparabien puedes revisar alternativas con datos claros, lo que reduce la decisión impulsiva de “comprar el primero que aparezca”.

Si tienes deudas, el plan cambia (y se vuelve más urgente)

Vivir con poco dinero y con deuda al tiempo se siente como correr con peso extra. Pero no estás atrapado: necesitas orden y estrategia. Lo primero es entender qué deuda te está drenando más.

En Colombia, las deudas más costosas suelen ser las de tarjeta de crédito, avances y créditos informales. Si estás pagando intereses altos, tu prioridad es reducir esa tasa efectiva, porque cada mes estás comprando tiempo a un precio caro.

Aquí hay tres pasos que suelen funcionar mejor que “pagar lo que se pueda” al azar:

  1. Haz un inventario de deudas: saldo, cuota, tasa, fecha de pago.
  2. Prioriza la más cara (por tasa) o la más pequeña (si necesitas motivación rápida).
  3. Evalúa alternativas de alivio como una compra de cartera o un crédito de consolidación con mejor tasa, siempre comparando costos totales (no solo cuota).

Un “pago mínimo” puede parecer alivio, pero muchas veces es una trampa: te mantiene ocupado pagando intereses y te quita margen para el resto de tu vida.

Si quieres profundizar en estrategias para el control de gastos y superación financiera, puedes leer este artículo sobre Qué hacer cuando gastas más de lo que ganas: causas y soluciones.

Cómo ahorrar si tienes ingresos bajos: microhábitos que sí suman

Ahorrar con ingresos bajos no se trata de fórmulas mágicas; se trata de constancia y de proteger el progreso. Lo que más funciona es automatizar decisiones, no depender de la fuerza de voluntad.

Por ejemplo, si recibes ingresos variables, puedes crear un “piso” de ahorro: una cantidad mínima que guardas apenas entre dinero. Si un mes te fue mejor, aumentas ese porcentaje. Si te fue peor, vuelves al piso sin abandonarlo.

También ayuda separar tu plata en bolsillos: uno para lo esencial, otro para transporte/comida, y uno (aunque sea pequeño) para imprevistos. Cuando todo está en la misma cuenta, es más fácil que se mezcle y se vaya sin darte cuenta.

Y algo importante: ahorrar no siempre es guardar efectivo. A veces es evitar un gasto futuro grande, como mantener al día tu moto, hacer mercado con plan y no a última hora, o tener un pequeño fondo para salud.

Si buscas consejos para maximizar tu capacidad de guardar dinero, revisa esta guía sobre ¿Cómo ahorrar más dinero?.

Minimalismo financiero: la mentalidad que hace sostenible vivir con menos

Hay un lado de este tema que casi no se dice: puedes saber todos los trucos de ahorro personal y aún así sentirte miserable si tu relación con el dinero está basada en vergüenza, comparación o ansiedad.

El minimalismo financiero no es “vivir sin nada”. Es decidir con intención. Es dejar de usar el consumo como premio, consuelo o identidad, y empezar a medir tu bienestar por estabilidad, tiempo y tranquilidad.

Si hoy vivir con poco dinero te genera frustración, prueba cambiar la pregunta de “¿por qué no me alcanza?” a “¿qué necesito realmente para estar bien este mes?”. Cuando lo haces, muchas compras pierden poder. No porque dejen de gustarte, sino porque ya no mandan sobre ti.

Esa mentalidad también te protege del ciclo típico: semanas de restricción extrema, seguidas de un gasto impulsivo “porque ya no aguantabas”. La sostenibilidad no nace de apretarte más; nace de un plan amable, realista y repetible.

Compara antes de comprar: una regla simple que evita fugas de dinero

Cuando tienes poco margen, pagar de más por un producto financiero te cuesta el doble: dinero y tranquilidad. Por eso una regla sencilla puede cambiar todo: nunca elijas a ciegas.

En productos como tarjetas de crédito, créditos de consumo y seguros, el precio no es solo la cuota o la prima. También importan la tasa, comisiones, deducibles, asistencias, exclusiones y condiciones que te afectan justo cuando más lo necesitas.

Comparar te permite tomar decisiones basadas en hechos, no en publicidad o presión. Y cuando esas decisiones se repiten en el tiempo, se convierten en el tipo de “ahorro invisible” que hace que vivir con menos dinero se sienta más liviano.

Cuando te sientas al límite, vuelve a lo esencial (y pide apoyo si lo necesitas)

Habrá meses donde el plan parece no funcionar: un gasto médico, una reparación, una semana floja de ingresos. En esos momentos, lo más valioso es tener un orden mínimo y una mentalidad de progreso, no de perfección.

Si te sientes desbordado, vuelve a tres básicos: prioriza alimentación y vivienda, negocia o aplaza lo que se pueda sin caer en intereses abusivos, y evita decisiones financieras por desesperación. Si necesitas orientación, buscar educación financiera, apoyo familiar o asesoría responsable es parte de cuidarte, no una derrota.

Vivir con poco dinero también puede ser vivir con más calma

Aprender cómo vivir bien con poco dinero en Colombia no es renunciar a tus metas; es construir un sistema para llegar a ellas sin destruirte en el camino. Con un presupuesto real, reducción de costos fijos, manejo inteligente de deudas y la costumbre de comparar antes de decidir, puedes ganar espacio mes a mes.

Y si además trabajas la mentalidad —dejando de ver el dinero como medida de tu valor y usando tus recursos con intención—, lo que hoy se siente como escasez puede transformarse en claridad. Vivir con poco dinero no es el final de la historia: puede ser el comienzo de una vida más simple, más consciente y mucho más sostenible, ayudándote a consolidar metas incluso si manejas un bajo ingreso. Abrir una buena cuenta de ahorros es un paso fundamental para que esos objetivos tengan un soporte real y confiable.

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